La vida en pausa.

Les voy a contar una historia en tiempos de cuarentena, mi cuarentena. Mi desastre empezó en verano del año anterior, por aquellos días mi felicidad irradiaba alrededor del cristal por donde entraba la luz del sol y tocaba mis pies sobre la madera del espacio favorito de mi casa, disfruté de una satisfacción prestada, de esas que van en un vuelo de avión con destino a todos lados menos a donde yo correspondía. Empecé con viajes cortos de carretera y la maleta incompleta, pues aún no encontraba el lugar donde debía quedarme, donde no quería pertenecer de nuevo, pasé noches y días viviendo de hoteles, muchas lágrimas con mal café y la angustia de papá, mi nuevo destino aún no comenzaba y ya pintaba terrible. Encontré un departamento a las afueras de la ciudad, con nueva compañía y la esperanza de un mañana, después de dormir dos días en el suelo y que mi lugar de trabajo comenzará horrible, parecía que todo lentamente mejoraba, pero la tristeza me seguía como mi misma sombra. Para inicios del otoño, la mala suerte decidió no abandonarme y jugar conmigo por los días subsecuentes, a la mañana siguiente ya me encontraba entre las calles llorando, después de un asalto, sin dinero, sin comunicación, pérdida y con mi examen de titulación a la vuelta de la esquina. La vida que siguió se sentía insoportable, con poca concentración para lo importante y mi energía jugándome chueco, hacia mitades de invierno no faltaba la carga de trabajo, peleas, mentiras y una espera de vacaciones eterna, pero por fin el año 2019 decidió terminar. Como todo inicio de año, las esperanzas nos traspasan con luz interminable, se promete olvidar el pasado y enfocarse en el futuro, queremos que el presente sea perfecto y hacemos y deshacemos a nuestra conveniencia, nos reinventamos. Me llené de planes, reservé viajes, inicié proyectos y empaque maleta para no regresar en un buen tiempo, dejando varias despedidas a medias y un toque de malas decisiones, la verdad mis planes fueron algo egoístas, buscando mucho placer personal y una felicidad propia, porque después de haber pasado la mitad del año anterior llorando por mil suelos y sin poder alcanzar el cielo, creía que lo merecía. La pandemia había comenzado pero nada estaba cancelado, el mundo no entendía la situación ni mucho menos que estábamos a punto de detenernos, una semana antes de que la cuarentena comenzará, yo me encontraba lejos de mi hogar, de todo lo que amaba y por querer pasar por alto las reglas del universo, casi me quedo sin el amor de esta vida, todo se desmoronaba peor que hace casi un año, se cancelaron los viajes, se retrasaron los proyectos, las personas se iban y la maleta volvía a estar en puerta, pero esta vez para volver a casa. Al principio maldecí cada cosa que estaba sucediendo y lo único que deseaba por aquellos días era no vivir más en este espacio, la ansiedad era mi amiga por la mañana y la melancolía por las noches eternas, hasta que decidí ponerle un fin al sufrimiento y entendí que esta vida en pausa era lo mejor que me estaba pasando. Primero, llevaba un ritmo de trabajo y estudio muy a la carrera, gracias a esta vida en pausa, me mandaron a mi casa y ahora soy mejor organizada, segundo, la fecha en que me iba a ir de viaje siempre la reservo para mi familia y esta vez decidí irme sola, gracias a esta vida en pausa, me recordó que ellos para mí son indispensables y que necesito dedicarle más tiempo a lo importante, tercero, el amor no se fue y se quedó más fuerte que nunca, gracias a la vida en pausa, lo estoy valorando, y por último, tengo tiempo para mí de sobra. Yo si necesitaba parar, yo sí necesitaba detenerme, yo si necesitaba que la vida se pusiera en pausa para abrazar mi presente, y que si estoy aquí y ahora, es para valorar lo que tengo porque todo es perfecto así como es. Si aún te estas quejando porque las cosas no van en el sentido que quieres, tal vez no lo estás entendiendo, vuelve a mirar.

“El valor no me lo puede dar alguien más”.

2 Comentarios

  1. Wow!! Me has hecho emocionar de muchas formas con tu entrada… sentí la pena en los primero párrafos y luego me encantó que la comprensión llegará a ti y tu vida comenzará a solucionarse. Debo decir que en mi caso, yo me he detenido a mirar muchas veces y aún me cuesta entender lo que está pasando… Quizá es que me sentía complacida con mi vida de antes y ahora no sé cuál es el rumbo cierto… Pero bueno, tengo fe en que lo encontraré. Muchos abrazos

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