¿A dónde se ha ido enero?

El enero más rápido de la historia.

Para mí, todos los años comienzan en febrero. No sé que tiene enero, pero me abruma; será los comienzos, la forma en que todos van deprisa, el frío o la teoría de que dura como cuarenta días.

El 2026 entró con mucho movimiento a mi vida, para variar. Hubo cambio de lugar, cambio de rutina y uno que otro volver a empezar, pero a pesar de ello, la paz existió en cada movimiento.

Es el primer año en el cual menos tengo que hacer propósitos, porque lo que alguna vez soñé, existe, aquí y ahora, es tangible. Y se siente, fuerte.

Desde que tengo memoria, no recuerdo que enero volara y debo confesar que me siento agradecida por ello.

Agradezco la cotidianidad, las rutinas y la forma en que parece que nada cambia, pero todo se mueve.

Agradezco el ruido y el silencio, a veces uno no se da cuenta que grita o que lleva demasiado tiempo sin decir lo que siente.

Agradezco los días largos y los cortos, lo que parece imposible se logra y lo que nuestras manos no pueden sostener, es mejor hacer espacio para que estén cálidas y no frías.

No sé a donde ha ido el mes de enero, creí que aún tenía un par de días, pero quería escribir esto para decirle que lo sentí, muy a mi manera, diferente al resto, con mucha prisa, pero con calma y que a pesar de lo mucho que odiamos tener los pies fríos, agradecemos todo lo que pasó en él.

Llegó febrero y es tiempo de florecer.

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