¿Y si no te quedas?

El cielo se pone más azul en tiempos de frío y las cosas más pequeñas empiezan a notarse con tu ausencia, como el extrañarte por completo, odio ese verbo, lo odio porque textualmente significa convertir en extraño algún objeto o ser y aunque el alma se me estruja cada que lo pienso, ahora eso somos, dos extraños que se conocen bastante bien. Amanecí y me dolió tanto el sabor a despedida que a veces traías en los labios y tus peculiares expresiones que he adoptado porque siento que me las merezco, como prometen los barcos que zarpan en muelle que van a volver, así fueron tus palabras y tal cual se rompen las olas, así sentí que mi corazón se quebraba por la mitad. Fuimos destino, de esos que saben llegar, pero no regresar, de esos que no saben olvidar y mucho menos entregarse porque lo peor de las falsas despedidas no es el adiós, sino que uno se hace acreedor de una culpa que muchas veces no nos pertenece. En horas inoportunas le escribo constantemente a mis miedos y le pido deseos a las estrellas no fugaces por temor a que se cumplan, por aquellas fechas en el calendario deseo que te quedes, los miércoles por la tarde, los días de lluvia y cuando las preguntas no tienen respuesta, deseo que te quedes por la necesidad de compartirnos y los mil cantos al oído, deseo con mil fuerzas que te quedes los veranos y los inviernos, los días vacíos y los llenos, deseo que te quedes por mi paz y felicidad pero cuando entre los dos nos dimos cuenta que querías ser viaje y no destino, desee de corazón que te fueras, porque aunque mi alma cayera con tu despedida, tu querer a medias me mataría. Entre palabras escritas con mi puño y letra dedicadas a tu cariño tan inusual se me ocurrieron unas líneas, ¿Y si no te quedas? Te voy a extrañar, de hecho estoy comenzando a hacerlo, pero nada más, no pasará nada más, te voy a recordar como sólo yo recuerdo en la vida y aunque haya renunciado al desamor y la nostalgia no buscaré los restos de nuestro pasado en un futuro. Si no te quedas, aunque tenga que pagar el precio de extrañarte, por favor, tampoco vuelvas.

“A fin de cuentas olvidar es una clase de engaño”.

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