Libertad.

El reloj marca una hora que me es indiferente pero eterna, la puerta se cierra a mis espaldas y no hago otra cosa más que dejar que las lágrimas broten a mares, nadie en aquella habitación mencionó la palabra a la que todo mundo le tiene miedo pero entre una que otra gota que rueda por mi mejilla mi mente reacciona y es cuando caigo en la cuenta que la vida se me esta yendo como arena entre los dedos. Incertidumbre, mente en blanco y nubes de color violeta es como se me pinta el panorama, manos ajenas y otras no tan extrañas me sostienen y me tranquilizan el alma constantemente pero aún y con el sol a medio entrar por la ventana, mi corazón parece que está corriendo un maratón. Empiezo con dosis de prueba y un café a mal tomar para las náuseas, sin saber que esos días no serían ni los primeros ni los peores. Mi cabello está empapado de una ducha en la que evito pensar demasiado para no agitarme, pero basta un minuto para darme cuenta de que no puedo, simplemente no puedo, todo eso que es parte de mí, ya no está, se está esfumando, todos y cada uno caen en cámara lenta hacia el suelo y se detienen a montón, veo a mamá llorando a través del espejo y tampoco puedo contener el llanto que no sé si es por mi cabello que ya no está más o por ella y saber que soy yo la causa de su tristeza, ahí mismo caí en la cuenta de que esta historia es real, completamente real. Había días en el calendario en que el entusiasmo quería ser el protagonista y conforme pasaban aquellos también se pasaban las tijeras por mi melena cada día más pequeña para evitarme la tortura, pero como suele pasar cuando no estamos bien emocionalmente, un día malo tumba los mil buenos. El agotamiento se hizo mi estado de ánimo constante y los rayos de luz a tres segundos no le bastaban ni a la valentía, ni a mi corazón, ni a mi vida, por inercia tomaba copa a codo con la amargura y se puede decir que ya no vivía, sólo sobrevivía. Mi caída era peor que la de Alicia al país de las maravillas, prácticamente interminable, posterior a haber llevado mi cuerpo a límites inimaginables y dejarme con las manos vacías me dijeron que no era suficiente ¿Cómo? ¿Cómo no sería suficiente si lo he dado todo? Si grité, luché, lloré y me esperancé, si hoy era el día del baile final, hoy las quimioterapias y yo dejaríamos de ser una sola ¿Y eso no es suficiente? Pues desgraciadamente, no lo era, el destino quería algo más de mí y a groso modo me explicó que parte de mi feminidad tendría que irse antes de que mi vida corriera mayor riesgo y esa fue la única vez que desee ya no vivir más, quería darle sentencia de muerte a este sufrimiento que se aparecía hasta en mis sueños y que todo terminara, no sólo para mí sino para mucha gente. Letreros en múltiples direcciones, flores blancas pintadas de rojo y falsas facetas para poder jugar croquet, me escudo en muchas escusas y sigo cometiendo errores porque soy humana pero hoy tengo la libertad de regalarme más libertad, querida vida, querido cáncer, gracias por darme vulnerabilidad, algo que antes creí que no sería, gracias por recordarme que nada ni nadie es eterno, que todo termina, incluso tú, por eso me despido como es debido porque te llevaste dos años de mi vida pero me regalaste otros diez y aunque nunca lo pediste ya te perdoné.

“Ahora que no tenía nada que perder, ella era libre”.

1 comentario

  1. Te amo mi niña, eres una gran mujer, fuerte y tenaz, la vida pone pruebas muy duras, pero aquí estamos para superarlas con toda la valentía que tú tienes!!

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