
Los desastres felices si existen y empiezan con los textos que no puedo escribir, como este por ejemplo, en su quinto intento. Te mentí cuando dije que no más dedicatorias, pero tú también mentiste prometiéndome tazas de café nocturnas, por lo que considero estamos a mano. Contigo todo me falla, desde la fecha en el calendario hasta el clima y mi tono de labios, con decirte que me falla hasta la intuición, esta intuición que es muy mía, que me arrebata el corazón cada que tiene la oportunidad, que me busca y que me encuentra tan desprevenida como es costumbre, que me obliga a ser lo que quiero ser. Quiero escribirte muchas cosas y otras tantas prefiero que se queden en aquel rincón de poca luz, siempre llegas a destiempo pero en forma, en tu forma, fueron días constantes de rétame y te reto donde tropecé hasta con los tacones que no traía puestos, optaré comenzando con decirte que sí tenía miedo, que las palabras no te las creo pero que hiperventilo cada vez que las pronuncias y a la par con las mías, todas se fueron deshaciendo con unos cuantos tragos de tequila. Antes de que alguien pueda detenerme ya estoy en rumbo a lo que creo que ya conozco con el viento haciéndome un remolino en el cabello y en el alma, pretendo no estar nerviosa pero igual fracaso al ver que ni siquiera la puerta puedo abrir, los escalones se me hacen tan infinitos que pienso por un segundo en salir corriendo pero tu voz está tan cerca que me arrepiento. Entro y honestamente me dejo llevar, acepto jugar aunque lo odie porque también quiero ganar, me tocas y mis manos ilegales comenzaron a temblar, me da risa nuestras conexiones mentales y la forma en que no puedo ser cursi contigo y entonces me di cuenta que sí me querías pero cuando querías. Contradecirte me llena de locura y simplicidad, al igual que tu piel y la mía se van dando de a toques y vueltas, memorizas mis lunares favoritos y yo los trazos de tinta en tus brazos que me envuelven y deslizan. A veces soy y a veces no quiero ser, los muchos ahoras que te rodean me han atrapado sin la necesidad de querer la taza de café, me fundo en la constante adrenalina y la manera en que despabilo con tus besos, no quiero pensar porque sé que voy a arrepentirme, quiero sentir, oler y tocar, quiero vivir y ser parte de esos instantes que nos rodean, porque a final de cuentas eso somos, instantes que pueden ser eternos. Tal vez mañana todo quede fumado sólo en recuerdos y nadie tome café después de tu última taza, tal vez coincidamos en otro ahora y en uno que otro sueño pero también creo que tienes razón, es mejor saber nada de personas que fueron mucho.
“La vida no se mide por las veces que respiras sino por las que te quedas sin aliento”.

¡Pero que hermoso escrito!
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