Do, re, mi y tú.

Eres como el primer piano que toque cuando tenía 12 años y la primera canción que canté frente a un escenario a los 14. Al principio todo era maravilloso, el piano era nuevo, como tú cuando llegaste a mi vida, todo lo nuevo por automático da emoción y te llena de intriga, cada día que pasa quieres más y más. Una felicidad inmensa por aprender a tocarlo, mis dedos recorren de una forma rápida y encantadora cada tecla y espacio en él, de la misma forma en que mis manos se acoplaban a las tuyas cuando las tomaste por primera vez. Lo difícil no fue quererlo y hacer que formara parte de mi vida (estoy hablando del piano y de ti), lo realmente complicado es aprender a leer las partiduras, porque es lo mismo que leer tu mente, ideas y palabras, tenía que observar cada signo y expresión para descifrarlas, eres como una canción en todo el sentido de la palabra, lees las notas y no puedes comprender nada, pero le pones la letra, música, entonación y sentimiento, mucho sentimiento y entonces es ahí cuando nace algo dentro de tu alma, en uno de los espacios más pequeños se enciende una luz y por un lapso de tres o cuatro minutos que dura la canción puedo decir que me siento viva. Las pocas luces que salen de esas cajas negras colgadas en el techo empiezan poco a poco a iluminar mi cara, mis manos en el micrófono empiezan a sudar y todas las miradas se centran en mí, entre tantas la tuya como la primera vez que estuvimos solos. ¡Como me encantan tus abrazos! Sentir tus brazos alrededor de mi cuerpo me hace sentir que puedo cantar sin temor a desafinarme o a que se me olvide la letra, te sientes tan segura y confortable que los sentimientos hablan por ti y la voz sale sin ninguna dificultad. Y te odié, no tienes una idea cuanto, sé que era odio porque a pesar de ser la primera vez que mi alma experimentaba este sentimiento, te miraba y no podía desearte otra cosa que no fuera el mal, deseaba que lo que tú me hiciste se te multiplicara al mil por día, que cada noche que tu cabeza tocara la almohada, mi malicia ingresara en tus sueños y era feliz porque tu karma era el verme todos los días, disfrutaba que no pudieras verme a los ojos y que en tu mente sólo figuraba mi nombre. Pasa el tiempo y las cosas se desgastan, las teclas empiezan a caerse, el piano a desafinarse, la pintura se barre y los pedales ya no dan motor. Impacto brutal, mi cabeza sale disparada frente al cristal y en cuestión de minutos, quizá horas, simplemente no lo recuerdo, empiezan a sonar las notas en el piano, do, re, mi, tú, tú y tú, era lo único que veía, el túnel con las sirenas sonando, tú, las camillas del hospital, tú, mis lágrimas y gritos, tú, risas, tú, abrazos, tú, cuerpo, piel con piel y tú, a cada momento a cada minuto, peleas, enojos y más odio, pero tú seguías ahí, dos personas de por medio y tú de nuevo. Punto. Exploté. ¿Por qué si no me amas, no me dejas? ¿Por qué siempre regresas a mí? ¿Por qué me convertiste y me hiciste formar parte de tu vida? No me amas pero me quieres contigo estés o no estés sólo. Mareos, náuseas y delirios, ¡Ah! Y tú. El portarretrato en el escritorio escondido te salió pésimo. No te perdono, ni quiero. Te odié de la misma forma que me odié a mi misma cuando mi profesor de canto me regañaba porque no quería mostrar mi verdadera tonalidad y es que era simple miedo, era el tener que dar explicación de todo y con todos, de ti y de mí, pánico escénico, miedo a la crítica. Bueno y eso ¿Qué?, no importa que pienses que estoy loca por ver cada día maravilloso, me da igual no encajar contigo, qué más da si me ignoras o me evitas porque al final de cuentas no importa tropezar una y mil veces con la misma piedra, mientras esa piedra seas tú, porque a pesar de los gritos, las desconfianzas, la incertidumbre y el sólo voy a estar contigo porque me siento sólo, entre pedazo y pedazo ya forme parte de tu cuerpo, de tu vida y de tu alma. El piano se reparará, se le dará quizá mejor forma y estilo, yo cantaré de nuevo y escribiré cada día más poemas, incluso para nuevas y mejores personas. Pero las canciones escritas con lágrimas en los ojos, con odio y enojo, con el alma en un hilo y el corazón hecho pedazos, con tinta por todos lados, esas, esas son las que tocan el alma de cualquier persona, incluso la mía que viene acompañada de una mente y manos frías.

«Encantador como un Villano pero a fin de cuentas sigue siendo el Malo».

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