
Te vi observándome y siguiéndome, te descubrí ansioso, con interés, con ganas, te miré con humanidad, con alegría, con sencillez, te alejé, pero mientras cada día ponía más puertas, tú encontrabas todas las llaves. No te distinguí hasta que fueron muy constantes tus mensajes por las noches, donde todo es más vulnerable, hasta que tus visitas eran cada vez más frecuentes, hasta que me hacías ir a lugares que no pertenezco, en donde no encajo y que yo aceptaba estar ahí tan sólo para estar contigo. Te empecé a sentir cuando tus llamadas hasta altas horas de la noche me despertaban, cuando tu voz me era cada vez más indispensable. Te hice una habitación en mi alma cuando los días 23 dejaron de ser números para convertirse en una fecha, cuando las rosas en el florero de mi habitación le daban brillo a mi pelo, a mis manos y a mi mirada con una fuerza incontrolable. Te regalé mi corazón cuando buscaba quien hiciera menos largos los kilómetros, cuando visité por primera vez un espacio verde en toda la ciudad y te miraba a lo lejos, corriendo de un lado a otro mientras el sol caía y le repetía a mi mente que no pensará en nadie más. Te entregué lo que soy la primera noche en que todos a nuestro al rededor parecían fantasmas y los faros de las calles iluminaban con más fuerza nuestras manos entrelazadas, cuando los te quiero y los te extraño eran mis palabras matutinas. Te extrañé cuando las llamadas empezaron a desaparecer, cuando no entendías que era lo que yo quería pero tampoco te esforzabas por entenderme y arreglarlo. Te esperé el día que yo había planeado especial y tú, te despareciste sin dejar rastro con la caída del sol. Te desconocí el día que arrancaste a toda velocidad y me quedé llorando en la banqueta confiando en que regresarías, pero no fue así. Te ame cuando me desaparecí unos días para tratar de ser mejor persona conmigo para poder serlo después contigo. Te lloré el día que grité tu nombre incontables veces al descubrir que habías desparecido mi vida junto con la tuya, cuando aprovechaste mi ausencia para ocultarlo todo, así sin más, sin hablarme, sin preguntar, simplemente dándolo por hecho porque yo no aparecía. Te deteste, cuando en tu estado de whatsapp aparecía una letra diferente, que obviamente no encajaba con mi nombre. Te odie cuando llevaba toda la semana planeando como arreglar lo que había estropeado, cuando tenía ya listas las sorpresas para que lo arregláramos todo y volviéramos a empezar y voy dándome cuenta de que tu plan de vida ya figuraba sin mí, cuando mis lágrimas empapaban todas las noches el oso de peluche que me regalaste, cuando me levante al día siguiente y dije NO MÁS. Cuando por fin contestaste mi llamada y saque todo ese rencor de mi pecho. Te tuve confianza después de colgar, confiando en que me buscarías, en que me demostrarías que todo era falso, que me dijeras que no importaba cuantos errores tuviéramos ambos seguiríamos intentándolo hasta que saliera bien, que me perdonabas y me pedirías perdón. Te necesité diciéndome que me amabas pero te subestimé cuando nada de eso sucedió. Te quería a mi lado todos los días y todas las noches así como llevo mi té todas las mañanas en mi frasco de cristal, pero lo que estás logrando es que cada día, en vez de que te quiera más…te olvide por completo.
De la misma manera te pido una disculpa. Sí, lo siento tanto porque soy una persona casi imposible de olvidar, lo sé. Lo siento muchísimo, porque de ahora en adelante te acordarás de mí siempre que veas «Alicia en el País de las Maravillas». Te acordarás de mí cada vez que una canción de Camila suene en la radio. Te acordarás de mí cada que veas el azul del cielo o de lo claro que está el mar, pues sabes bien que es mi color favorito. Te acordarás de mí cuando comas pastel, porque sabes que lo detesto con toda mi alma. Te acordarás de mí al comer un helado o beber un té de taro, porque sabes que me encantan siempre los sabores más raros. Te acordarás de mí cuando alguien te diga que «Contigo no se puede» porque era mi frase favorita. Te acordarás de mí con los libros, las páginas, los escritos, los versos y los poemas, porque sabes que mis dedos tienen magia. Te acordarás de mí cuando veas girasoles, porque recordarás el dije de un sol con la piedra ametista que diario adorna mi cuello. Te acordarás de mí cuando alguien pronuncie mi nombre completo, porque sabes que odio que me digan así. Perdón porque de ahora en adelante tu mente me recordará con cosas tan simples como tomar el Té.
«Cuando te enamoras de un corazón roto, hay partes que aún le pertenecen a otro».

Genial tu blog Daniela, saludos
Me gustaLe gusta a 1 persona