Me fui un tiempo, aunque no me moví mucho de mi lugar habitual, hubo nuevos comienzos, pero no se sintió como volver a empezar del todo, despedidas sobraron, pero lo que se fue, realmente no ocupaba un espacio. Reí mucho, con todo y las perdidas, lloré otro tanto, con todo y el amor entre las manos. Por mi derecha todo transcurría muy lento, por la izquierda demasiado rápido, un par de sueños ya entraban por la ventana, mientras otros seguían debajo de la almohada. Seguí cometiendo errores, pero la culpa ya no me pertenecía, en mi cabeza rondaban las piezas faltantes de algún rompecabezas, no hizo falta buscar la otra parte, mis dedos crearon las nuevas. Hubo miedo, pero para cuando pensaba que tan grande era, ya lo había vivido con recelo. A veces tomo café, en otras ocasiones té, de repente se me escapa la noche entre vinos, a veces me olvido de las excusas para acompañar algo, a veces no las necesito. Madrugo cada tanto, de repente las sábanas no me sueltan y el insomnio viene cuando más creo tenerlo resuelto todo. Dejó de importarme la lluvia, aunque murmuraba seguido con angustia y le pedía al viento que soplara más fuerte cuando me escaseaba la respiración. Las noches eran muy cortas, pero al día tampoco le alcanzaban las horas. Hubo, hay y habrá amor en todas sus formas, unos más intensos que otros, pero nunca más tibios o fríos, ya no hay cabida para eso en mí. Yo decía que el caos no dejaba de rondar, que venía en el asiento del copiloto, observando mis lágrimas sin hacer nada. ¿Qué hay dentro de él? Sólo yo, volverme a mirar era todo lo que me faltaba. El caos no llegó a enseñarme que todo estaba mal, arribó para que caminara con él hasta que yo decidiera donde quería mi paz. A veces hay caos, pero la felicidad hoy me abraza como nunca.
“Caos makes the muse”.
