Calma. En la forma en que despierto, en la forma en que me muevo. Calma en la rutina, porque así es la forma en la que el orden me habita, aunque también hay calma en el desorden, en aquello que le pedimos que avance y se estanca. Calma, en la forma en que transcurre el día, cuando el reloj avanza demasiado o cuando los segundos parecen horas. Calma en el tráfico, en ese momento que parece interminable, pero donde también es el único tiempo del día donde mi canción favorita suena tanto como yo quiera. Calma, en el trabajo, en la forma en que mis manos se desenvuelven para curar, calma en el descanso, porque todo es válido cuando necesitamos respirar. Calma en los errores, no podemos controlarlo todo, calma en el aprendizaje, porque aquello que nos suma, a veces cuesta un poco más. Calma en los días lluviosos, así nos recuerdan que los soleados están por venir. Calma en el miedo, recuerda que es tu forma de ser valiente. Calma en ti, para que le des lugar a todo lo que te anida, a tu cuerpo, a tus sentidos, a la forma en la que ves la vida, dale calma a aquello que tanto sollozas, a eso por lo que tanto ríes, a todo lo que no es perfecto, a las personas que amas, amaste y te amaron; calma en la tristeza, en la angustia, en el arrepentimiento, en la desesperación, todo eso que nos hace temblar es también la fuerza para continuar creyendo. Calma en la forma en que nos hablamos, la mente repite lo que el corazón escucha. Calma en el alma. La vida es eso que nos pasa y lo que no nos pasa todo el tiempo. Hagamos las paces, respira y llora, pero también sonríe y ama, mucho.
“Todos somos poemas en diferentes formas”.
