Verano 24.

Falta un mes para que inicie el otoño y yo siento que esta temporada nunca atrapé el verano, hace mucho no deseaba que algo terminara cuando aún ni siquiera comenzaba; la mitad del año inició así para mí, corría agua por el parabrisas, por las calles mojándome los zapatos y por mis ojos, desapareció la comodidad, la rutina y el sol al final de la carretera, no había calor a donde yo iba, pero tampoco estoy segura de que se hubiera quedado en aquello que ya no cupo en mi maleta.

Quiero pensar que no tomamos decisiones incorrectas, quiero creer que de no haber ido por ahí, no estaríamos hoy aquí, que son los lugares, personas y situaciones quienes nos escogen para habitarlos, porque algunas raíces florecen sólo en los caminos de paso.

Quiero sentir que esto pasa rápido, porque lo estoy disfrutando a pesar del miedo, que si me estoy equivocando es para cuidar, crear y sanar lo de alrededor y lo mío, que si lo estoy viviendo todo es porque en mi ser, aún hay mucho espacio para que el amor sea habitado.

Quiero intentar e internarme, darle menos peso al frío y al desastre que es mi cabello, que lo que pienso no me limite en mis relaciones o mis acciones y que mis manos escojan siempre lo correcto.

Quiero fuerza, para las segundas oportunidades, para las noches en vela, para todo lo que amo, quiero mucha vida en mis pocos años y mucho tiempo en mis pocas horas. Este verano del veinticuatro, con mucho y que le faltó fervor, fue mío, muy mío, elijo que así sea.

¿A dónde vas cuando huyes?

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