Hay despedidas tan largas y otras tan cortas, ambas duelen igual, no importa como te vas o como es que te dejan, probablemente el adiós se sienta como si pasaran mil años luz. Lo que se termina en primavera puede que duela un poco menos, con tanto alrededor floreciendo, es imposible no creer que nosotros también podemos hacerlo.
Los sentimientos de verano para eso están ¿O no? Para que la intensidad dure hasta que se esconda el sol.
Los pedazos de corazón roto que caen en otoño para mí son los peores, porque sabes que vendrá el invierno y ¿Quién nos calentará?
Hay adioses a los que nos acostumbramos y otros que en el fondo tanto esperábamos, pero también existe exactamente lo contrario, en otros seguimos viendo por la ventana buscando señales de que no se ha terminado. Unos nos hacen perder la cordura, otros recuperarla, unos tocar fondo, otros sentir que nos merecemos el cielo, unos llevan amor, rencor, coraje, odio o alivio, otros todo eso junto.
Hay adioses que no nos merecemos y otros que merecemos darlos, hay los que quedan con café y otros con una copa de vino, otros que nos llevan a las lágrimas después un beso y otros donde no es necesario pronunciar palabras.
Hay despedidas que nos sanan y otras que nos rompen para poder reconstruirnos, hay viajes que parecen interminables, pero que el destino es lo mejor para volver a comenzar.
Hay mil y un formas de decir adiós, probablemente más, realmente no importa, en mi mente siguen las palabras de mamá diciendo “te dejó cuando más lo necesitabas y eso no es amor”.
Probablemente debamos zarpar o ser punto de partida, si vamos a soltarlo todo, hagámoslo sin miedo, pero con amor, mucho amor, el corazón te lo agradecerá, tanto el que dejas como el que habitas.
“La vida empieza muchas veces”.

A pesar de todo, un nuevo comienzo nos espera y con ello, tal vez, la llegada de un amor verdadero.
Saludos.
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