Encontrarme.

Empecé una búsqueda interminable, para más tarde entender que encontrarme no quiere decir que algo me falte. Tenía un año corriendo, hablándome fuerte, unas veces soltando, otras enganchando el corazón; llegó otra primavera y fue cuando más todo floreció. Dejé de buscarme sólo en los días cálidos, pues los fríos también me hacían sonreír, mi cumpleaños veintisiete no fue tan especial, con todo y que es de mis números favoritos, sin embargo perdí la cuenta de los regalos y los abrazos que aquel día tocaron a mi puerta; algunos domingos se parecían mucho a un catorce de febrero con las rosas rojas en el jarrón junto a mi ventana y a las noches se les quito el vacío, pues no había libro o voz que historia no me contara. Dejé de buscarme en la perfección y en los días de llanto, entre parpadeos creo que me encontré entre las calles de Madrid o en los mágicos atardeceres y aunque el verano y París me hicieron el mejor de los encantos, mis mejillas se tornaron rosadas hasta iniciando el otoño. Me perdí y me encontré en los conciertos, creo que saben a que me refiero; Dejé de buscarme entre mis miedos, pues los viví todos, en invierno, en otra ciudad, frente a los animales y un volcán, mi yo de hace un año no creería que en menos de un mes salimos de nuestra zona de confort sin hacerlo incomodidad. Simplemente un día dejé de pensar que algo me faltaba, dejé de sentir que me perdía, que algo me debía, me dejé de sobreexigir y de perseguir, de esconder, de hacerme callar o de hablar de más; un día sólo me dejé encontrar por lo que ya tenía adentro y entendí que si me equivocaba, no tenía que volver a comenzar, que perderse es maravilloso cuando vuelves a encontrarte, porque vendrán más flores felices de albergar un corazón que lo siente todo.

“Si te pierdes, mira adentro”.

Deja un comentario