Querido corazón de pollo:
Estamos por cumplir los 27, existimos, aún y con esos pedazos que nos faltan, lamento haberte angustiado con la poca fe que le tenía a los 26, fueron geniales ¿Verdad?
Existimos, incluso después de que nos soltaran a la deriva, aún y con el corazón roto, existimos.
Volteamos a ver aquellos mares acumulados y los lloramos, después de eso todavía existimos.
Tomamos decisiones con miedo, nos rompimos, nos quedamos entre tinieblas hasta que llegó la luz y seguimos existiendo.
Probamos un poco de lo de siempre, mucho de lo nuevo, uno que otro abrazo y un par de labios más, nada de eso se quedó y aún así seguimos existiendo, porque después de la gran pérdida entendimos que volver a comenzar nos vale totalmente la pena.
Seguimos explorando y cometiendo errores, sin angustia, ni pérdidas, porque de todo ganamos algo que nos hizo completar la huida.
Existimos, seguimos existiendo, porque no nos da la vida para quedarnos con tan poco, porque aprendimos a decir lo que sentimos en el momento y no cuando se lo ha llevado el viento, porque si nos rompen el corazón lo transformamos en poemas y si somos nosotros quien lo rompemos, hay muchos más versos también en memoria de lo que alguna vez fue, porque salvamos la vida de otros y la nuestra, porque hay muchos a quien poner orgullosos incluso en el cielo, porque seguimos esperando quien llene nuestras expectativas con besos y a quien darle el infinito amor que tenemos en el pecho, porque el cielo nos va quedar corto para vestirlo y los girasoles serán enormes en los días nublados.
Existimos porque nos queda mucho por contar, tanto por vivir y demasiada poesía por escribir.
Estoy orgullosa de nosotros, de lo valiente que fuimos, de lo mucho que amamos, de las vidas que cuidamos y de la persona que somos. No nos arrepintamos nunca de darlo todo.
“Con mis manos frías y mi corazón de pollo, Daniela.”
