Somos de todos y de nadie.

Nací en primavera, soy de quien me vio renacer hasta convertirme en flor, pero también soy de quien en invierno me vio buscando el calor.
Soy de los cielos más azules, de donde podía volar sin aterrizar, pero también soy de donde se me quebraron las alas y nadie me ayudó a repararlas.
Soy de un hogar donde el amor no me falta, sin embargo también soy de las múltiples carreteras que recorrí, unos días sola y otros tanto acompañada.
Soy las veces que odié mi nombre, también soy de quién me enseñó amarlo.
Soy de quién me amó hasta que no pudo entenderme, pero soy más de donde yo amo a pesar de las circunstancias y condiciones.
Soy de los mares, de la calma y la comodidad, pero fui de los bosques fríos que alguien más juraba amar.
Soy de los colores claros, pero sé sacarle provecho a los fuertes.
Soy más del té por las mañanas, pero necesito del café también.
Soy de los lugares donde con voz valiente digo lo que no me gusta y de donde regalo mis rebanadas de pastel.
Soy de los girasoles, pero también soy de todo lo que florece, incluso en los días nublados.
Soy del sol y he aprendido a adoptar la lluvia.
Soy de la poesía, la que no rima y la que me entra en sueños.
Soy tuya y soy mía, de todos y de nadie, del mundo y de la nada.
Creo que en eso consiste el vivir, el saber que existes para compartir un todo con alguien, pero nunca pertenecerás tanto como te perteneces a ti, no importa cuantas veces pueda reinventarse ese lugar, ahí perteneces.

 “El placer de no pertenecer”.

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