Mi primera carta al cielo.

Sé que esto llegará mucho más allá del cielo, irá a todos los rincones de la tierra donde mis pies toquen la arena, desde el otro lado del mundo, hasta los días en que no puedo pararme de la cama porque las lágrimas me nublan la mente y el alma. A dónde sea que sea y donde sea que estés, estoy segura que lo leerás. Ya pasaron seis meses desde tu partida, escribirlo en este momento y contando los meses hacia atrás fue fácil, pero regresar mentalmente a ese tiempo para nada lo fue, para nadie lo fue y para nadie lo será, no creo que lleguemos a acostumbrarnos a entrar en esa cocina sin esperar que estés ahí, haciéndonos el desayuno para después de un largo viaje. Los primeros días y semanas fueron pesadas, tienes que saberlo, papá casi no dice lo que siente pero se veía la tristeza en su mirada, esa noche ninguno de ellos durmió, se quedaron hasta el final, hasta que ya no pudimos verte más; criaste buenos hijos, puedes sentirte orgullosa de eso, sobre todo el que me tocó como padre, todos sabemos que es un ser humano excelente, creo que sólo a veces él no lo sabe. Casi todos en casa creen que para nosotros la rutina volvió a la normalidad, que no nos pesa porque no recorremos esos pasillos todos los días, tú sabes que no es así, te mencionamos en la cena, mon y yo lloramos abrazadas por tu ausencia, mi mamá te hizo un altar con las fotos tuyas que imprimí y mi papá cargó con la bolsa de cacao que sigue arriba del refrigerador esperando que las recetas le salgan igual que a ti; tenemos que hablar de que no tengo nada en contra de nadie, pero la comida no les queda como la tuya, que largas las vacaciones y los fines de semana donde tengamos que fingir que es así. En fin, todos sabemos que dejaste demasiados huecos que, aunque algunos lo estén intentando de más, ninguno de nosotros lo podrá llenar, yo lo acepto aunque me tendré que acostumbrar, a que el viaje nos pese un poco más pero aún así queramos llegar, a escoger los regalos sin pensar en ti, a comer mis platos favoritos hechos por las manos de otros, a llamar y no escuchar lo orgullosa que estás de mí, a que la casa se sienta más grande y fría, simplemente a que no estés; aunque nunca se aprende a vivir sin las personas que amas, siempre se les recuerda bonito. De aquí hasta el cielo o incluso mucho más allá de él, aquí te tenemos y te recordamos siempre abuela, como uno de los amores más perfectos que tuve en la vida, gracias por tu infinita espera y cariño, de aquí hasta el cielo, todo el amor que aún podamos darnos.

Con amor, Daniela.

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