Le platiqué al mar de ti.

Hoy vine a visitar el mar como me es costumbre, la vida me ha cambiado mucho desde la última vez que lo vi, mi cabello reposaba en mi cintura, mis labios deseaban otros, mi andar tambaleaba por algunos bosques intranquilos y la vida que hoy estoy viviendo ni imaginar que pasara por mi mente. Me encuentro sentada en la arena queriendo llorar y reír al mismo tiempo, todo ha pasado tan rápido que aún no proceso que tenga tanta paz y felicidad en este momento, cuando unos meses atrás lo más caótico estaba por empezar. Frente a ese inmenso cielo azul, el aire haciéndome cosquillas y el sol besando mi piel empiezo a hablar, como muy para mí pero también como si toda esa increíble naturaleza estuviera escuchando, sé que lo hace. Comencé contándole que las cosas han cambiado, absolutamente para bien aunque con bastante tristeza muchas cosas se tuvieron que soltar; nuestro hogar se volvió más bonito y acogedor, se quedaron las amistades más recíprocas y las risas no paran, llegamos a un nuevo lugar donde está lo que queremos, como lo queremos y con quien hace que la vida sea más suave, donamos nuestro cabello y compartimos demasiadas decepciones y constelaciones, también se fueron muchos de nuestra vida, aquel amor que juró que jamás dejaría nuestras manos enfriar ya no nos espera en casa, pero llegó alguien que inconscientemente si lo hace, así fue como por primera vez le hablé de ti. Hoy le platiqué al mar de ti que me abriste tus brazos y evitaste que cayera, que fuiste mi voz cuando gritaba en silencio, que llegaste a sanar las heridas que no ocasionaste, que tus besos secaron mis lágrimas y tus abrazos cesaron mis miedos. Hoy le platiqué al mar de ti y que desde que llegaste a mi vida todo me supo mejor, río con frecuencia, me siento cuidada y valorada, he vuelto a creer en todo lo que soy y todo lo que me merezco, pero también le platiqué que mi corazón lamenta que no puedas ser mío, que me faltan sueños en tu cama y que las caricias no sólo me lleguen un sábado por la noche, que no basta besarte hasta cansarme porque siempre quiero más, que también te espero los domingos por la tarde donde sé que no aparecerás y a mi lado las noches de insomnio donde últimamente las tengo a causa tuya. Le platiqué que en vez de hiperventilar, siento paz cuando te veo y que lo que alguna vez soñé con recibir de alguien más, tú me lo das al doble sin siquiera pedirlo, pero que también aquello me acongoja, pues cuando llegue el momento en que tenga que soltarte, mi alma se irá enganchada a la tuya y ¿Cómo le explico a mi cuerpo que ya no habrá quien nos haga sentirnos en calma con nosotros mismos? Eres y serás el amor que siempre quise tener, gracias por enseñarme que si hay quien pueda darte todo lo que quieres y ni si quiera tienes que mandar traerlo, gracias por la paciencia que no tienes pero conmigo esperaste hasta que salió el sol, por darme luz en la sombra, por dejarme poner mis playlist en tu carro aunque no te gusta el reggaeton, por comprar mi vino favorito y dejarme probar tus labios con él, por cocinar para mí y por verme como si fuera lo mejor que existe en el mundo. Las cosas a medias no me saben desde que aprendí a sanarme y sabes que no sé callarme lo que siento o no siento y ambos sabemos que debemos soltarnos porque nos amamos, porque no podemos dejar de ver el uno por el otro y porque somos valientes, así que evitemos ser cobardes, evitemos lastimarnos cuando nos queremos tanto que quien pasa por enfrente ni si quiera tiene que adivinarlo. Quiero ser muy libre y decirte que no te espero, pero la verdad es que sí, por mucho que mi amor propio me diga que tengo volar, aunque no me sentaré a esperarte, deseo que me alcances en pleno vuelo. Si la vida nos vuelve a hacer coincidir no dudo que ambos tengamos los brazos abiertos, si no es así, que dicha tenerte ahora, donde te siento, siempre cerquita de mí, como si no fueras a irte nunca, que dicha para mí fue ser tuya.

“En el espacio que estés, dejarlo mejor que como lo encontraste”.

Deja un comentario