Querido 2022:
Definitivamente no empezamos el año como lo terminamos y que alivio el nuestro. Iniciamos llorando, con el corazón roto y sin esperar mucho de la vida, en cambio ella nos fue regalando poco a poco lo que siempre quisimos. Eso es lo que me gusta de vivir, todo llega cuando lo ves perdido. Hace 365 días y un par de meses más atrás titulé al 2021 cosas que aprendí y desaprendí en el camino, ese año me dolió tanto el alma que necesité reaprender mi viaje para padecerlo menos, pero a comparación con este año sentí que perdí tanto, a tal grado que no me quedó de otra más que empezar de cero y por igual, ahora viéndolo en retrospectiva que bendición el volver a comenzar. Agradezco haber llorando tanto pues mi cuerpo necesitaba más espacio para volver a respirar, abrazo las heridas por las que ahora entra la luz que me faltaba, veo la soledad como la mejor compañera, los miedos me sirven como señal para ser valiente y los altibajos para ser más fuerte. Si hubiera sabido todo lo que estaba por venir a mí, tal vez habría sufrido menos, pero aquello que te acongoja también sirve para moverte de donde ya no te toca. Con la ida de muchos llegaron muchos más y con ellos descubrí lo corto que me estaba quedando este existir, hoy recibo el doble de todo lo que siempre creí que me era suficiente. Entraste tú, 2022, y en definitiva mis manos fueron otra cosa, cambio el largo de mi cabello, el amor que ahora me besa y algunas amistades por otras mucho más leales, migró aquel carácter, la poesía, los cielos y las pérdidas. Que fortuna soltar aquello que te suelta para poder recibir eso que te estaba esperando con los brazos abiertos. Gracias por darle un nuevo giro a mi vida, te recordaré como el año en que todo lo perdí pero donde todo lo gané también.
Con cariño, Daniela.
“You had to be that person to become this one”.
