El uno para el otro.

Esta es la última carta que espero escribirte, fueron versos cortos que viéndolos en retrospectiva suman todo lo que vivió mi corazón roto incluso mucho antes de tu partida, démosle un año, pero para mí fueron como mil vidas. Fueron 365 días viéndome partir mientras encontraba un hogar, navegué los mares que lloré, volé por encima de mis miedos, me dediqué a ser la estrella fugaz que cumplía mis propios deseos y me reconstruí tanto como fue posible, aún creo que todo es posible. Inclusive días previos por encontrarnos, te juzgué horriblemente como si fueras mi reflejo en el espejo, a veces se me olvida que inconscientemente lo fuiste, pero es que los días malos no cualquiera los entiende. A veces creo que me conociste muy poco o que llegaste muy temprano a mi vida, nada de eso es cierto, todo fue perfecto, sólo que hoy cuando por fin todo está en calma y me está saliendo bien, cuesta creer que no estes aquí para vivirlo conmigo. Hay cosas que encontré y aprendí en el camino, aunque me abrieron los ojos, me hicieron odiarte un poquito cuando los cerraba, aquí te dejo unas cuantas:
1. El tiempo en las relaciones no existe, el espacio sí, no todo el tiempo vamos a sentirnos bien y es válido querer estar a solas, pero eso nunca es justificación para irse del lado de quien quieres, si necesitas tiempo a solas sólo dilo, pero no dejes el corazón a medio morir de alguien por tu incertidumbre. (Y tú no supiste pedirme lo que necesitabas).
2. La gente herida no siempre hiere, en mi proceso de sanación me ayudó gente que estaba pasándola incluso peor que yo. (Y tú me heriste creyendo que era válido porque estabas herido).
3. Uno no elige de quién se enamora, pero si elige con quién se queda. (Vas a encontrar mil veces personas mucho mejores que quien amas, pero la realidad es que todos sabemos donde nuestro futuro crece).
Una cuarta y última, es que también aprendí que uno se va como puede, la realidad es que nunca me puse a pensar que a lo mejor no encontrabas otra salida que no fuera atravesando la mía, si eso te sirvió para liberarte, creo que puedo entender que nadie nos enseña cómo debemos irnos de la vida de quien amamos cuando sabemos que es tiempo. Haciendo un recuento del pasado, no me diste nada de lo que soñé, viéndolo como aprendizaje, me diste lo que necesité, así es como muchas de las historias empiezan o terminan, esta es una historia de como tuvimos todo el amor del mundo y aún así, no nos llegó lo que siempre quisimos, ni el que esperamos del uno para el otro, pero hubo un gran tiempo en el que sí fuimos el uno para el otro, aprendimos a estar, a querernos y a irnos, también en el ahora.

“Abrir los ojos para ver algo mejor al cerrarlos y volverlos a abrir”.

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