Un día se me estaba cayendo el mundo, las manos que juraron calentar por siempre las mías se fueron entrando el invierno y juro que sentí que no había vida después de eso. Los días pasaban y lo que para mí era una eternidad, para el otro eran segundos, lo que para mí era una vida que no se podía compartir con alguien más, para él, ya existía alguien con quien todo sonaba igual. Se me estaba cayendo el mundo, no había día en que no se sintiera así, el mar se me desbordaba por los ojos, la poesía ardía y el té se enfriaba con frecuencia, gente llegaba, besos se iban, pero la tristeza seguía apareciendo en sueños que al despertar dejaban una profunda nostalgia de primavera. A pesar de la más grande ausencia que se hizo presente en mi vida, mis manos encontraron el calor y fue el primer tiempo en que no estuvieron frías, a la vez, aparecieron otro par de manos más, que entrelazadas con las mías, parecía que le quedaban muy bien este lugar, con los días surgieron más y más manos que sostenían lo que yo veía insostenible, que aunque sólo tomaran la punta de mi meñique, la fuerza era suficiente para que no volviera a tropezar, las yemas de los dedos en cuestión de segundo secaban mis lágrimas y cosían heridas que no ocasionaron, sin más llegó lo cálido, lo fresco, los cielos despejados y todo lo que se siente bien. Todo se manifestó de diferentes formas, muestras de amor desde la distancia hasta la puerta de mi casa, mi mejor amiga al teléfono las 24 hrs, mis padres abrazando mis miedos y mi hermana durmiendo conmigo para mitigar las pesadillas, llamadas nocturnas, besos en la frente y uno que otro en los labios, la atención en su máxima expresión, los cafés con historias similares, las risas de las amistades más leales, un girasol en los días malos, nuevos amigos en un nuevo espacio, dulces a medio pasillo y la vida que siempre soñé formándose frente a mis ojos. Un día se me estaba cayendo el mundo pero lo sujetaron personas a las que también se les estaba cayendo el mundo, igual o peor que yo, no sé como pero así sucedió, y en ese instante lo entendí, no importa que tan mal lo esté pasando el de enfrente, quien no te quiere soltar, no te suelta. Amor es darte, aún y con esos pedazos que nos faltan.
Pd. Papás, Mon, Fa, Ari, Fer, Gisela, Vane, Teresita y Ulises:
Gracias por ser parte de mi mundo y no dejar que se cayera, a pesar de que varios de ustedes se estaban rompiendo también.
“Si no nos permitimos afligirnos por nuestras pérdidas, heridas y decepciones, estamos condenadas a revivirlas”.
