Una vez cerrada la puerta sólo queda ver hacia adentro, hacia lo que somos y fuimos para llegar a lo que seremos, después de que se apagan las luces únicamente podemos prender las velas para enfocar el camino, pero cuando aparece el dolor sobre nosotros, existen dos lados de la historia y a pesar de que ninguno se va a borrar, tú decides cual quieres contar. Hubo un momento en que todo comenzó, nadie lo sabe a ciencia cierta, no obstante un día sin más decidimos ser valientes y expresarnos en toda nuestra totalidad, compartimos lo que sentimos, existimos, bailamos a la mitad de un blues así como dibujamos solamente los cielos claritos y despejados, todo son promesas a corazón limpio hasta que alguno las rompe y un tanto empieza de revés, de este modo nacen las heridas, que antes de serlo eran canciones, parques, cafeterías y uno que otro museo, eran poemas, risas, las estrellas bailándole a la luna, nuestros libros favoritos, eran juramentos, confianza, los besos de alguien, los abrazos en la cocina y las mil y una noches que no dormimos por querer vivirlo todo. Somos todo eso que una vez le dijimos al viento que se llevara, aquellos lugares clausurados y los brazos a los que juramos nunca regresar, seguimos siendo el tiempo en el que rezamos porque todo se acabara y el otro lado de la cama al que no queremos voltear porque queda frío, fuimos, somos y seremos todas las tierras que pisamos, los mares que nos ahogaron, las huellas que dejamos en los corazones de las personas y los sitios que amamos. Sí, somos ambos lados de la historia, las heridas y las cicatrices, la vida donde constantemente sangramos y la que contamos después que ya no hay marcas en el alma, a lo mejor sí, en algún momento nos cruzamos con partes de nosotros que no queremos ser, pero no tenemos que fingir que eso no existió, todo está en la forma en que la vemos para poder narrarla, digamos que sí, vamos a decir que sí, que alguna vez nos abrimos y entregamos nuestro ser a quién no supo valorarlo, digamos que compartimos la misma taza de café hasta encontrar con quien no supiera amargo, que lloramos por más de dos años la ausencia de alguien que nos olvidó en dos meses, vamos a decir que nos equivocamos de boca, de piel, vamos a decirlo así, como quien te cuenta un chiste en los días grises, con respeto, con cariño, digamos que tropezamos, que hubo un tiempo donde prometimos ser fuertes pero llegó el día en que nos tocó realmente serlo. Las historias que cuentan nuestras heridas se parecen más a los atardeceres que a los amaneceres, cuentan como todo terminó pero no como lo empezamos, cuando vayas a contar una historia habla de cómo el caos se convirtió en magia, ve hacia ti y cuéntala tú, que no sea disparejo lo de afuera con lo de adentro, cuéntala tú, no tus heridas, tú eres más importante que todo aquello que alguna vez te hizo daño, y florecemos, de eso estoy segura.
“Aunque decir, te quiero, puede tener consecuencias vas a seguir teniéndote a ti”.
