Te soñé las primeras noches de invierno.
El mar que llevo por dentro se desborda cada que intento escribirte, no sé por donde empezar, hay tanto que quiero decirte pero también hay tanto que la prudencia me dice que debo callar, quizás aún no lees nada de lo que he escrito para ti últimamente, pero tengo la teoría de que todos los poemas llegan a quién los inspira de alguna forma. Te conocí tan bien que sé que hay cosas que no puedes ocultar por miedo a que salgan mal, a mi sentido de intuición eso le gusta, pues sin necesidad del razonamiento, la certeza siempre me encuentra. No sé si recuerdas que incluso antes de que nuestras manos se soltaran decías que no querías irte por completo, pero antes de que se acabara el año tus ojos ya estaban en los de alguien más, ojalá me dijeras el secreto de como se olvida toda una vida en dos meses, porque por más que lo estoy intentando no me sale eso de dejar en el tintero. Llevo días queriendo odiarte, preguntándole a mi corazón todas las noches porque tenías que mentir para desenganchar tu alma de la mía, cómo es que me querías en tu vida y hoy por día ni un mensaje se te cruza por la mente, pero sobre todo llevo cuestionándome como es que prometiste nunca irte y al primer pestañeo ajeno, tus labios ya estaban a kilómetros de los míos. No tenías que hacerme creer que la cosa no iba conmigo, hace meses que sabía que no figuraba en tu lista de prioridades y para ser honesta estoy dando más de mí por nosotros de lo que me corresponde, a todo el que me pregunta, le explico con paciencia que la decisión fue mutua, que fue la vida y no nosotros, que no fue tu culpa cuando ambos sabemos que ese día ni siquiera me defendí, tal vez esperabas que lo hiciera, eso también me lo pregunto seguido, posiblemente deseabas que rogara, que luchara contra todo, que te abrazara tan fuerte que no te quedaran dudas de si ibas a soltarme, sin embargo algo que tampoco sabías era que llevaba haciendo eso tiempo atrás, una más y quizá me hubiera quedado a medio espirar aquella noche. La verdad duele pero es necesaria y me prometí no volver a aparentar lo que no es, me siento como si constantemente estuvieran atravesándome el pecho con una espada, las lágrimas no cesan y la mayoría del tiempo me cuesta cobrar el aliento, no voy a fingir que no te echo de menos, tampoco que no te quiero, pero menos aún puedo simular que siento que amé a una persona que hoy no existe por completo y eso me hace sentirme ilesa de todo lo que pueda suceder después. ¿Sabes? Yo tampoco estaba pasándola bien, me estaba costando respirar, pero la diferencia entre tú y yo, amor, es que yo jamás pensé en soltarte a pesar de que me costaba sostenerme.
Te soñé las primeras noches de invierno, después de eso mis manos dejaron de estar frías, probablemente necesitaba que te fueras para aprender a calentármelas yo solita.
“Agradezco todo lo recibido de ti, te seguiré queriendo aún y cuando haya tomado mi propio camino”
