Donde el mar y el cielo se juntan.

Donde el mar y el cielo se juntan, ahí estoy yo, en medio de la nada y de todo al mismo tiempo, me siento como si me partieran en mil pedazos y cada una de mis partes quisiera pertenecer a todos los lugares al mismo tiempo, pero al final nada corresponde al sitio donde quiero estar. Un día no sabía que seguía, las muchas cosas que me esperaban a la vuelta de la esquina o incluso en el sofá de mi casa, no sabía que dirección tomar, por cuál camino andar o por cuál regresar, simplemente seguí las líneas que todos trazaban y así se fue abriendo una puerta, otra puerta y una más, visité dos países en menos de tres meses, me enamoré a distancia y otra vez no tenía idea de lo que seguía, pero las vías tenían marcadas siempre huellas para que no dejara de caminar, me mude a otra ciudad, dejé dos casas en seis meses, encontré un buen hogar, un poco de familia y muchos amores a medias. El tiempo transcurría y ¿Adivinen qué? Otra vez no sabía que seguía, para ser sincera nunca he sido de planear las cosas porque el sobre pensar me pone mal, soy fiel creyente de que mi destino está en todas esas puertas que se abrieron y me dejaron entrar, aunque me parece que últimamente la vida cambió las cerraduras y se le olvidó dejarme una copia de las llaves. Hubo una época en que quise arreglar los errores poniéndome más tinta encima de la que ya no se podía borrar, quería florecer sin pausa en todas las estaciones hasta que recordé que el invierno tiene que llegar, muchas cosas, personas, lugares, espacios y esencias se quedaron, otras me acompañaron por un tiempo, otros se quedaron en el camino pero terminaron por irse y unos pocos siguen aquí, ya nada es igual eso es seguro, pero a pesar de que mucho no encajaba con quien soy, no encuentro otra manera perfecta en la cual debió ser. Donde el mar y el cielo se juntan, ahí estoy yo, a veces viendo pasar la vida, otras tantas quedándome en ella, a veces pasándola rápido, de repente muy lento, unas veces con el viento a mi favor, otras muchas en contra, y bueno, no sé, otra vez, qué sigue, pero disfruto en quién me estoy convirtiendo mientras llego.

“Sin prisa pero con alma”.

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