Feliz día del amor ¿Propio?

Un día simplemente llegó, no sabía que lo necesitaba ni mucho menos que lo estaba esperando, no tocó a la puerta, más bien entró por la ventana entreabierta y se instaló en lo oscuro de mi dormitorio, de un momento a otro empezó a dormir conmigo, me acompañaba en los desayunos, los días soleados y en los nublados, recorríamos las tardes con dulzura, escritura y el calor del té en la alcoba, en una ocasión me di cuenta de que me pertenecía, que si estaba conmigo y me tomaba la mano todo estaba bien, me invitaba a reinventarme todas las mañanas y a olvidarme de las noches con lágrimas profundas. Había tiempos en los que sentía que me abandonaba, pasaban meses en los que todo era grandes baches de los que no podía salir, no sonreía al bajar de la cama y de hecho no quería salir de ella, las fechas en el calendario pesaban más que de costumbre, el corazón se encontraba nuevamente roto y no tenía un para cuando sanar, pero cuando estaba a punto de rendirme, ahí estaba de nuevo, sentado en una esquina iluminando mi alma y mi ser, mirando con suspicacia y reclamándome “Así no fue como te dejé”, de repente todo estaba en calma. Me gusta porque tiene la voz suave, observarlo es como contemplar el cielo y tocarlo se siente como estar en el mar, sabe a mi bebida favorita y es como si comiera mi postre favorito todos los días, me aplaude cuando me visto bonito y hace que me tome cientos de fotos, me enseñó a meditar, a quejarme menos y a orar con más fuerza, me incita a cantar y a bailar, me preparó para los miedos, me cosió el corazón y realmente me educó para amar (me). Llega también en los días malos, en los días sin fuerza, cuando lloró mucho y cuando mis planes se estropean, no sé cómo pero al final siempre se queda, así fue como conocí al amor propio, así se instaló en mi vida, no tenía un nombre, no tuvo un comienzo forzado y para mi bendita suerte no ha tenido un fin, no fue como en las novelas y cuentos, apareció muy a mi manera, vestido de mis colores favoritos, con todo lo que me gusta puesto, con mucha luz, con mucha paciencia, con mucha paz y lo mejor de todo es que no tuve que pedirlo, un día simplemente llegó, o más bien lo necesité.

“Mucho de lo que somos viene de lo que fuimos”.

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