
Me encuentro en medio de este ruido, entre personas, el tiempo y mi lugar de origen, con un vacío interminable y no sólo una, sino dos vidas partidas por la mitad, me encuentro aquí, en medio de la nada y entre todos, con el inicio de una fría soledad que prometo haré terminar. Esta realidad de cerquita es peor que los mil demonios que me persiguen en sueños, porque no hay opciones de arreglo, no hay un futuro próximo ni un mañana, tu vida y un poquito de la mía han terminado para este mundo, pero no para el siguiente. Podría hacer una lista interminable de cosas, cariños y gestos que me hubiera gustado supieras, pero esta no es una carta de despedida, aún no sé que sea y tal vez las palabras no sean las más adecuadas, pero es la forma de tenerte en mi memoria un poquito más que una eternidad. Sé que sabes cuánto duele, me duele y mucho, porque aunque soy fuerte y tengo que serlo, es momento de luto, mi luto, y tengo derecho a gritar y llorar mi pérdida el tiempo que sea necesario. Tal vez estás donde mereces estar, donde las almas merecen vivir eternamente pero también sé que estás aquí porque te siento, para mí no te has ido, sigues y seguirás presente mientras te recuerde. Si es que eres cielo, ven a convertir el brillo en una luz eterna, de esas que difícilmente se apagan, si es que eres cielo o al menos formas parte de él, cuida de mí, en las noches más oscuras y en los inviernos más fríos, en donde me hagas falta, si es que en verdad eres cielo, enséñame a volar para sentir que lo tuyo no es ausencia, sino más bien un querer desde otros mares.
“No todo es luchar, mucha fuerza es también para soltar”.
