Las flores en el jarrón.

Entre un tramo y otro de aquella carretera tan odiada se quedaron los recuerdos de ambos y a través de la distancia observo todo lo que no pudimos resolver, se quedó esa tan anhelada libertad, esa que me dejaste y esa que te llevaste. Se aproxima el invierno con voz sonante, aunque un poco más noble, me hace sentir importante, protegida y amada, como en los tiempos en los que te encontrabas, como en los días en que la química nos fluía, como cuando te tenía. Me encantaba tenerte de vuelta después de días sin verte, casi igual que el invierno y con su llegada no puedo evitar extrañarte, como si fuera una cinta de película, extraño nuestros momentos a cámara lenta, tus abrazos, la forma de tus ojos cuando sonríes y las mil canciones de fondo, ¿Está bien extrañarte tanto? Creo que sí, puede que sea la manera de intentarlo de nuevo, conmigo, una vez más, porque la realidad con el daño está hecho y mis heridas contigo no pueden cicatrizar. Para ser honesta, uno que otro miedo se me cuelga de repente, como el pensar que eras la persona para mí pero lo echamos a perder o encontrarte en un espacio diferente al que logramos construir, en mis momentos de angustia deseo que regreses y mi temor más grande es que hayas sido el indicado en el momento equivocado, una parte de mí te conserva y te tiene presente, pero la necesito para poder seguir sin ti y esta va por mí. Adiós querido amor del momento, agradezco tu tiempo, tu felicidad y tus brazos como lugar favorito, perdón por las heridas causadas y perdón más aún por querer coserlas cuando el hilo no alcanzaba, discúlpame porque una parte de mí te piensa, pero por ahora necesito de tu adiós para poder crecer. Que bonita es la soledad cuando no se le tiene miedo, cuando no juzgas a nadie, ni a ti, cuando te echas las dos manos para levantarte, las millones de veces que te repites que estarás bien y pintas al óleo cada una de tus emociones, que hermoso fue encontrarte y amarte pero que increíble está que todo esté bien después de ti, que pueda hablar de ti sin pena ni gloria, que me brillen los ojos después de tu partida y que pueda cuidar tanto de mí como no lo hacía antes. Estoy orgullosa de mí, de quién soy y hacia dónde voy, de la vida que me espera y las luces que voy construyendo en el camino, estoy segura que el universo me dará en el momento correcto lo que mi alma tanto anhela, sólo es cuestión de creer, de que me lo crea, porque las flores en el jarrón aún no se marchitan.

“Poder decir adiós es crecer”.

1 comentario

Deja un comentario