
La fría mañana entra por mi ventana, se escurre por entre mis sábanas blancas y toca cada parte de mi cuerpo, es uno de esos días grises en los que la tristeza va por delante, lo sé porque tengo infinitas ganas de llorar, pero siento que aún no es el momento. La luz del sol aparece por el cristal de poco en poco, mientras se va esparciendo el humo del té que he puesto en la taza de un color azul que parece que tengo el mar y el cielo juntos, y decido que cada trago de agua caliente que pasa por mi garganta me consuma mientras mi catarsis otoñal se esparce entre música de fondo y recuerdos. En mis sueños con peligros y pasos andantes no puedo dejar de repetir tu nombre, me pones nerviosa de lo que eres y de lo que no puedo ser contigo, y aunque suelo escribir porque tú eres el causante, la verdad es que me atormentas tanto que prefiero dar la última señal de vida que me queda contigo, porque honestamente no sé qué más deba decirte o escribirte. En mi última oportunidad por retenerte perdí el hilo entre la humildad y la humillación tratando de que te quedaras a mi lado en un espacio ajeno al que no pertenecemos e intenté deliberadamente que con tu partida no quedaran restos de mi alma colgando en tus zapatos. Tengo el alma llena de versos, pero ya no quiero dedicártelos, estoy cansada de explicarte que le agradezco a la vida, a Dios y al universo por haberte puesto en mi camino, de decirte que te admiro y que creo en ti con venda en los ojos, que no importa cuantas estaciones pasen tu voz sigue volviéndome loca, pero mucho más estoy cansada de callármelo todo por miedo a que te vayas porque si lo haces, nadie más va a completarme. Estoy fatigada de verte en mis sueños, en mis insomnios y en mis mañanas, en el café, los desayunos simples y el humo del cigarro, en los momentos de euforia y en los de calma por la madrugada, de pedirte perdón por mis errores pero mucho más estoy cansada de que no aceptes tu parte de culpa, me agobia fingir que ya te olvido y que siempre huyas y dejes a mi mente con la incertidumbre de saber si volverás a cruzarte en mi camino o si pasaremos más noches haciéndonos preguntas capciosas para poder tenernos, me harta que después de cinco años sigas siendo mi canción favorita y para no apaciguar la tormenta me da temor que no sepas cuanto te quiero. Pues sí, estoy exhausta, del tiempo en nuestra contra, de las malas decisiones contigo y los miles de mensajes mal interpretados, de todo lo que representas en mi vida, para fines prácticos estoy exhausta de ti, de lo mucho que te quiero en mi vida y de eso poquito que me das porque para mí, es infinito.
“Decidir es renunciar”.
