Inteligencia.

El otoño quiso entrar por mi ventana, primero lejos y luego muy de cerca, casi picándome las costillas, venía vacilante como quien no quiere llegar, tomado de la mano de ese “algo” que seguramente me quitaría el sueño tiempo adelante, en meses o días, la verdad es que no lo sabía. La incertidumbre me agobia pero no de miedo, sino más bien de aciertos y de ganas por empezar esta lucha, una vez mar arriba y bandera roja en lo alto, comienzo, me abrazo fuertemente de todo lo que tengo y gano la primera vuelta, con caídas a medias sin tocar el suelo y una que otra terapia de autoestima dada por mí mismo. El alma se me apacigua con la llegada del invierno, suelto la mano del otoño que se va con el viento haciendo remolinos de hojas secas y ese “algo” que aprendí a querer pero que no me puede pertenecer, al menos no por ahora, porque siempre tiene que haber un después, ¿Mi Después? Decidí vivir entre rascacielos y llegar hasta la cima de todos, le di tantas vueltas a la gran manzana que todo comenzó a cansarme, inclusive el corazón, que ya se encontraba en pedazos que no podían volver a formarse, lleve a mi cuerpo a límites insuperables a tal grado que ya nada me dolía. Dicen que los sueños hablan y ese “algo” supo regresar con el mejor discurso que tenía, diciéndome que no había salida ni otras vías, que era el ahora y nada más, acto seguido me reí y lo invité a tomar conmigo mi quinta taza de café del día, por supuesto que era una historia diferente a la primera pero yo también tenía derecho a escribirla y de paso a regalarme el final, puesto que es mi vida y mi puerta la que tocan por segunda vez, de modo que puse en sintonía mi alma y hablé con mis células y mi deidad, cada cosa en su lugar tenía que estar lista y así fue, así fue como gane la segunda batalla. ¿Cómo? No lo sé, o quizá sí, solo creí, en todo, sobre todo en mí y en nada me perdí. ¿Perdonar a la vida? No, no tengo que perdonar a la vida por tener cáncer, uno aprende a sumar y a restar y si tu elijes que las experiencias aporten a tu vida en vez de quitar, el cambio es total, el cáncer puede hacer lo que él quiera hasta donde tu cuerpo, persona, mente y alma lo permitan y al contrario de perdonar agradezco poder haberme regalado la oportunidad más linda de mi vida, porque aquí no hubo algún libro, no hubo alguna terapia externa, no hubo magia, aquí hubo actitud, valor y oncólogos, simplemente estoy agradecido con la vida por tener cáncer dos veces y si existe una tercera o cuarta estoy listo y seré feliz con lo que venga, claro que me sentí triste, claro que tuve miedo, porque soy humano, como tú y como todos, se vale mucho poder tirarse un día sin hacer nada, sin escribir, sin pensar, lo que no es válido es reprimir dolores o situaciones, no buscar el ¿Por qué? Sino ¿Para qué? Es una manera positiva de tomarlo saber que fuiste elegido para probar esa máquina que llevas años sin usar de la mejor manera, el cuerpo humano y tu mente son la mejor combinación que existe, tu cuerpo no debe de doler, es perfecto, simplemente perfecto y estoy convencido de que tienes la inteligencia para el que creas que sea ahora tu mayor problema, o mejor aún, tu mejor experiencia de vida.

“En la vida hay de dos, o le entras con todo o te lleva con todo”.

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