
Existen momentos de mi vida en que quisiera que el semáforo estuviera siempre en rojo, tener bien apachurrado el freno, poner las intermitentes y dejar que todo pase de largo, quisiera ponerme en pausa y no darle play a mi vida. En cuanto más perdida me siento, es cuando estoy segura de que estoy a punto de encontrarme, hay tiempos en los que pregunto por complicidad porque eché todo al fuego si después terminaría buscando entre los escombros, muchas cosas debí pedirlas a gritos cuando era el momento y a unas cuantas personas darles mi mejor taza de té con cucharadas de sonrisas. El viaje fue extenso y desgastante, rodamos en varias ocasiones sin tomar el mismo transporte, pero por vías paralelas. La vida después de aquello son tantas preguntas y me cansé de mentir, no quiero mentir más, como no puedo volver a formar las cenizas me tengo que conformar con querer de ahora en adelante. Todo ha valido la pena y todo me duele también, en los últimos mares que he cruzado la vida se me ha ido en perder, por supuesto que tengo que perder, tengo que perder por las veces que cuando tuve que abrazar dije adiós y cuando me tocaba despedirme estuve a medias, porque cuando tuve que hablar me callé y cuando tenía que estar en silencio, grité, pierdo por cada beso que no di y cada despedida que no acepté, porque lloré con quien no debía y reí con los amigos más falsos de esta vida, estoy perdiendo porque pude haber escogido una meta mucho más fácil y elegí la difícil porque no me gusta pensar que no puedo. Tengo que perder porque obviamente no me sé las reglas del juego, porque si supiera que hacer con todas y cada una de las personas que me rodean, la vida no tendría sentido, no habría sorpresas ni emociones a flor de piel, los encuentros a expensas de abrazos, los tés matutinos, las cervezas a media platica y los cafés para recargar pilas, la música, el baile y escribir a cada fuerte sentimiento que me sucede, los domingos sin vació y que de vez en cuando curen sus heridas en mi vida. Tengo que perder porque así es que se gana. He llegado al final de una etapa más, de una de las que creí sería mi más grande meta en la vida, pero que realmente sólo llego para recordarme que es el comienzo de todo. Negación apareció para nublarme la cabeza y creer que todo estaba “bien”, la frustración y la depresión aparecieron de la mano para tomarnos el café de media noche los cuatro. Acabándose las horas de encuentro llegaron muchas lágrimas mezclándose entre océanos de felicidad y decidí escribir lo que pasaba. Pasa que estoy agradecida de que este viaje de antaño haya terminado, pasa que decidí muchas cosas que estuvieron terriblemente mal pero que ahora están donde tienen que estar.
“Agradece y perdona cada día y verás que grande sonrisa tendrás.”

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