
La luna brilla hoy más que de costumbre, sonríe por encima de todos los astros y planetas, enfocando su sonrisa a uno en particular. Vivir en un día que no existe me parece una locura, arrastrar con el baúl de los recuerdos le quitan a uno las fuerzas para sueños futuros. Esperar más de los demás que de ti mismo me parece sumamente frustrante y desgastante, buscar entre los días del calendario uno al cual darle sentido cuando tu vaivén de sentimientos quiere que lo explotes a diario, es algo completamente ilógico. Hoy en día a las almas grandes todo les queda corto, pero los detalles simples nos llenan más, no anhelamos días que no existen y no nos conformamos con tan poco. Por entre la persiana rosa pastel se escapa un rayo de luz a modo de lluvia, escribo en cualquier papel con tinta púrpura y la letra en manuscrita como no lo hacía hace tanto, mi pelo está recogido por una coleta que es la más imperfecta de la vida y mi vaso con té se encuentra ya vacío. Hoy quiero escribir mucho, pero a la vez quiero vivirlo todo, entre textos me he perdido y encontrado, me he inventado y reinventado tantas veces que por días siento que no me conozco, pero diario, frente al espejo, me reconozco en todas las ocasiones. Llevo muchos kilómetros tanto por detrás como por delante, muchos baúles, maletas y valijas, copas, citas de noche y viajes, envidias, tristezas y alegrías, llevo tantas historias que los dedos no me alcanzan para contarlas y las tintas se van terminando y reemplazando por otras más nuevas. Los granitos de arena pasaron por entre mis dedos y hay una que otra nota escrita a puño y letra en la basura. Visité uno de mis lugares favoritos y me di cuenta ¡Cuánto ha cambiado! Las sillas están en distribución diferente, hay más plantas y las tazas son más firmes, al igual que las manos que ahora me sostienen. Me he puesto a pensar que no quiero cargar más pasado, que incluso lo que vivo ahora en unos meses será pasado y que no lo quiero más, que las personas que ahora son presente si quieren estar, estarán, que no tengo porque retener ni soñar con las decisiones que no tomé y que no puedo seguir teniendo miedo de las personas que ya no veo y peor aún, de algunas que ya no existen. Me he inventado un baile con la luna, sobre todo cuando nadie me ve, reescribí mi etiqueta y me puse un nuevo título que es muy conmigo misma, no recibo opiniones, pero las escucho con atención, me regalo abrazos más constantes y me perdono más seguido, sonrío con más sinceridad y tomo decisiones diferentes porque los errores tienen que ser nuevos, persigo caminos con todas las desviaciones posibles porque deseo metas más grandes. Me comparo conmigo misma, pero lo más importante es que compito conmigo misma. He decidido no extrañar porque las cosas buenas son las que te vuelven loca cuando las extrañas, pero eso no significa no tener memoria.
«Tienes lo mejor de mí».
