
Mis pies cubiertos por la arena y el agua salada se arrastran unos entre otros, me encuentro frente a ti, querido mar, con la esperanza de que te lleves mis lágrimas faltantes entre tus mil olas y vientos, hoy vengo a contarte que estoy al borde de la euforia, la tristeza y el desastre, empezaré por esa parte. Me siento plena como cuando no tienes marea alta, pero a la vez fuerte como las veces que intentas convertirte en huracán, ya no siento temor de la profundidad con la que mis emociones se transforman, pero le tengo respeto a mis miedos que entre tiempos alternantes me descontrolan. Necesitaba del sol a rayo directo y que me mojaras con tu espuma las puntas de mi cabello, me gusta sumergirme en los océanos de sentimientos y que el agua de coco limpie mi alma por vigésima ocasión. Las cosas que se van no tienen remedio, existen personas que no volverán a ver la dicha de tu grandeza ni podrán escucharte a través del caracol de la vida. Al final del horizonte, por donde el sol se esconde, siento que Dios me escucha y le agradezco porque soy feliz, le prometo ser más valiente, aunque en ocasiones la respuesta sea sólo huir. Me quiero últimamente mucho porque estoy segura de que me necesitaré más que nunca, las personas a mi alrededor son pocas, unas tres para ser exactas y al final de la carretera a unos cuantos metros de casa me espera con ansias sólo una, pero son lo suficientes para darme la paz más grande de este universo. Mi cuerpo se suelta al ritmo de la música con sabor a tropical y me recuerdan que las mañanas no me hacen falta pero que las necesito para seguir bailando, pruebo todos los postres posibles y me sumerjo con frecuencia en ataques de hilaridad. El regreso es en silencio, mi camino en este mundo es tan largo como aquella laguna mágica que parece cielo, me siento en el cielo. Me gusta la vida a modo como yo la tejo, disfruto leer libros con poesía irreal y clásicos párrafos llenos de metáforas mientras tomo el té con el sabor más raro del mundo, la guitarra debajo de mi cama me recuerda que puedo cantar sin desafinarme y que no necesito de vicios para cruzar distancias y poder cumplir muchos sueños, que todo el planeta no son las personas que hablan de vulgaridades con su mente tan limitada y que yo puedo cambiar almas con decir que no me gusta la sociedad a modo de banalidades. Puedo escribir y reescribir cultura con mil historias en trozos de papel y a toque de tinta por doquier, la luna me sirve como de brújula y yo la sigo, admiro su brillo y su belleza, me ilumina el corazón en forma de constelaciones y me doy cuenta que voy por el camino correcto, me doy cuenta que prefiero tener a mi lado personas que sean combinación de magia con estrellas que aquellas que prefieren tener en la mano una caja de perdiciones, que quiero que venus se transforme en mi planeta sin estereotipos y posiblemente ser una de las musas de Mathias Malzieu. Quiero volver a estar frente a ti, querido mar, y contarte que me he deshecho de aquellos y aquellas que no me dejaron brillar y que ahora estoy rodeada de gente que pinta mi futuro igual o mejor que una técnica de Salvador Dalí, te voy a platicar que soy yo, que siempre he sido yo, sólo que esta vez sin desviaciones.
“Si quieres ser feliz, Sé”.
