
Las horas y minutos transcurren como en un día normal, la carretera se hace cada vez más larga y el cielo brilla un poco más. Cada día que pasa me voy acostumbrando más a tu indiferencia y a tu no saber querer. Me voy acostumbrando a mi mal humor y a no tener que dar explicaciones. Los malos comentarios sobre ti se me resbalan. He aprendido a quererte y extrañarte de una manera diferente, bueno ni tan diferente más bien a mi manera pero sin máscaras. Ya no tengo miedo de decirle a la gente que te quise y que aún existen días en que te extraño. Aunque no lo creas te doy las gracias, me hiciste mucho más fuerte y segura, me estrellaste tantas veces contra el suelo que me enseñé a crear mis propias pisadas. Me abruma la gente que me dice que me merezco algo mejor. ¿Acaso creen que no lo sé? Acaso creen que no sé que hablan mal de él a mis espaldas y que de paso me llevan por delante a mí también. Antes creía que las mujeres estábamos demasiado tontas por querer aferrarnos en donde no nos quieren, pero no es así. Somos muy inteligentes. No es que no sepamos que ya no encajamos en ese lugar, no es que no nos demos cuenta quien o no nos conviene y no es que necesitemos su opinión y malos comentarios de nuestros amores pasados, gracias. No hablo de mis errores para que me digan lo que ya sé. Hablo de ellos para que me motiven, para que no me frenen, para que me digan que si extraño a alguien se lo diga, para intentarlo las veces que sea necesario. No lo hago con el fin de que me critiquen o lo critiquen. Una no lo hace por tonta. Lo hace porque simplemente necesita sentirse con emoción, con entrega. Una cuenta sus situaciones no para que la regañen. Una lo hace porque sabe que está en la edad de no quedarse con las ganas de nada ni nadie y mucho menos con los sentimientos. Las personas que te dicen que no lo hagas es porque ellas no lo sienten, una amistad no es alguien que te dice que mereces algo mejor, es la que te dice que lo intentes, que lo busques, que le digas que lo extrañas, que lo veas una vez más, que regreses con él las veces que sean necesarias o hasta que exista el límite de tus emociones, alguien que te diga que vayas y lo tomes sin miedo y que no importa si todo sale un completo desastre, estará ahí para sostener tu mano y tus lágrimas. Los demás no se quedarán con los sentimientos encontrados, tú sí. Mi destino pasa frente a mis pupilas y mientras las neuronas quedan aturdidas el corazón se me sacude de emoción. Destino suena como una palabra tan larga y profunda, suena a futuro y eso me molesta. Decir que si pasa o no pasa estaba en tu destino me parece una vil mentira. Tu construyes tu destino diariamente, Dios te da los medios y te da todas las oportunidades habidas y por haber en esta vida, cierto, pero tú eres totalmente libre si decides usar bien o mal lo presentado ante ti. Tú decides si lo dejas a futuro para después posiblemente no acordarte y dejarlo a la suerte o luchar diariamente por lo que quieres y lo que te apasiona. Y así crear un destino diario. Una no vuelve a los lugares que la lastimaron porque le guste dar su corazón en mitades, una regresa porque sabe que las almas no se rompen, los corazones sí, pero el corazón es de mazapán y siempre se le puede volver a dar forma.
«Cuando estás segura de la decisión que tomaste, no necesitas dar explicaciones».
