
Fue un amor conocerte placer de mi vida. Sí, claro que fue amor, al menos para mí, pero fue un placer porque únicamente fue momentáneo. No te veo a mi lado. No por aquí. Entre tantos y tantos espacios no creo que se le llame coincidencia tomar tu mano entre las mías. Entre tantas y tantas miradas no creo que sea una casualidad que mis ojos se reflejen en los tuyos. Entre tantos y tantos abrazos no creo que no se pueda elegir querer sentirse segura. Entre tantos y tantos roces tal vez tus labios y los míos ya estaban conectados. Pero, tal vez, entre tantas y tantas promesas se nos olvido querernos. Tal vez uno piensa demasiado en el futuro que se le olvida el presente, que se le olvidan los detalles diarios, los mensajes y las llamadas por teléfono. Tal vez me viste tan segura un mañana que se te olvido que ese día me tenías a tu lado. ¡Qué fácil es decir! Qué fácil es hablar y sentir. «Amor yo nunca te lastimaré», «Nunca dejaré de quererte», «Estaremos siempre juntos». ¿Siempre? Dijiste que por siempre me querrías, que la luna, las estrellas me darías, una lista de promesas, fantasías. Las cosas que te hace decir el corazón. «Para mis ojos no hay otra mujer», ¿Y a la que tienes ahora a tu lado o en un futuro le dirás lo mismo? ¿Yo diré lo mismo? ¿Prometeremos lo mismo ambos a personas totalmente distintas? ¿En serio uno se acordará de las cosas que promete cuando está enamorado? Entre tantos y tantos lugares los te quiero sobran y los te amo se hacen cada vez más infrecuentes. Tú dejaste las promesas al aire y a mí nadie me enseñó como volar un papalote. No sé si la culpa fue tuya por prometer tanto y sentir tan rápido o la mía por ser tan fría y calculadora y no hacerte recordar cada promesa para conmigo. Como he llorado yo, no sé si en este día exista alguien, alguien sin vida, alguien hecho pedazos. Alguien. Alguien que amó. Qué triste cuando se desploma todo, que injusta se nos vuelve ya la vida. Triadas se me escuchan las palabras, tal vez, pero es que a todos nos tocan algún día, de amar nadie se libra aunque así quiera, tampoco de romperse el corazón.
Querido nuevo o antiguo amor (para según quede el caso): Prometo de ahora en adelante no volver a prometer nada a futuro. Mejor prometo recordarme cada mañana que te tengo, que es un día nuevo a tu lado, prometo hacer una lista de todo lo que me gusta cuando estoy contigo para cuando peleemos recordármelo. Prometo mejor disfrutar desde el primer día al último. Y si por alguna razón, el destino nos cruza por caminos y dificultades diferentes, agradecerte. Agradecerte por quererme mucho o poco tiempo y yo te recordaré que te quise pero que no está en mis manos retener la promesa si tú no quieres o si yo no puedo. Y pedirte perdón por si con alguien más las promesas diarias funcionan. Es que aún con esa gran herida, yo no tengo que guardarte un sentimiento de esos que traen pena y agonía. Y que mejor de ahora en adelante, dejemos las promesas a manos vacías y hagamos promesas que llenen el alma.
«Juraste que sin mí te morirías, explícame porque sigues aquí».
