
Cuando coincides con alguien es porque algo debes aprender de ahí, pero eso no quiere decir que no te debes guiar por tu sexto sentido. La corazonada no surge como un acto de magia, es un enlace que establece el cerebro con tu alma para que sepas que algo te está llenando casi por completo y digo casi porque la otra parte que lo complementa se llama «miedo», la mayoría de las veces estás un 99% segura de lo que quieres y lo que sabes que te hace feliz pero el 1% y sus grandes inseguridades se llevan por delante tu vida. Muchas de las veces no entiendo porque siempre pedimos consejos u opiniones si, o una de dos, o terminas haciendo lo que se te venga en gana o haces lo que te dijeron los demás pero si algo sale mal, obviamente no te culpas, vas sobre quien te dio la pauta. No digo que este mal pedir consejos u opiniones, a veces realmente si nos encontramos tan perdidos que necesitamos que alguien nos dé un empujoncito pero nuestra vida no está en responsabilidad, ni en opiniones, ni mucho menos en las creencias de las demás personas, tú eres quien toma la decisión final, tú eres quien va primero antes que cualquier cosa porque eres tú quien va a vivir con ello el resto de tu vida. Ni tú ni nadie debe decirme lo que tengo que hacer, ni yo ni nadie tengo porque elegir por ti. Podemos ayudarnos y orientarnos pero nada cambia sino es por ti. Un alcohólico no va a dejar de tomar sólo porque tú le digas que le está haciendo un mal, la inciativa para dejar de hacerlo la tiene él, le puedes decir a alguien que no fume pero si quiere lo seguirá haciendo, si quieres regresar con tu ex, tu mamá te puede decir que no, tus amigas probablemente que mereces algo mejor pero si tú no lo intentas, como vas a saber si funcionará o no, si quieres ir a ver una película y alguien te dijo que estaba pésima, ¿Ya no la verás? ¿Y si vas y a ti te encanta? Todos tenemos metas y pasiones diferentes, lo que nos mueve y emociona nunca es igual, cada quien tiene la sensación de ser libre con sus sueños y todo el mundo podemos ser fuertes sin tener que destruir a los demás. Y lo muy importante que yo aprendí a lo largo de las decisiones de este año, es que yo solita me tengo que dar en la madre para no volver a tener miedo de mis decisiones, de la vida, de los colores, de volver a sentir por segunda vez lo que ya sentí una primera, no quiero tener miedo de sentir menos increíble que esa primera ni más dolor que la última. No quiero darme cuenta que me guardo o que me privo, que me protejo tanto que me pierdo de vivir las mejores sensaciones de calor que la vida tenía especialmente reservadas para mí. Y créeme, no pasa nada si a la primera no nos salen bien las cosas, si no pasan también es una señal. No pasa nada si te ponen blanco y negro y tú sientes que la opción es gris o rosa pastel, no pasa nada si las opciones son sí o no y tú dices no lo sé, si es chocolate o fresa y tú dices taro, si te ponen café y pides té, si te dicen cerveza o tequila y eliges ron. En serio no pasa nada si no comes pastel en una fiesta (díganmelo a mí). No pasa nada si un día gritas, al día siguiente lloras y otro sonríes. No pasa nada si sigues tu sexto sentido, tu corazonada, tu sentido común, que no es tan común, es tu alma desarrollándose por lo que más te gusta y te apasiona. De verdad no pasa nada si eliges ser tú.
«El sentido común es el menos común de todos los sentidos».
