Uno de esos días.

Ya es de madrugada, los ojos me pesan y las piernas me responden poco pero aún así no quiero llegar a casa. Me gusta la ciudad de noche, la música a todo volumen en el interior del carro con los vidrios hacia abajo para permitir que el aire explote contra mi cabello ya no tan largo. Boto los tacones debajo del asiento y me coloco mis sandalias favoritas, entrando al lugar todo es tan nuevo y casual al mismo tiempo, muy raro y común, extraño y familiar, pero lo más divertido es que no siento preocupación alguna. Sin contar el tiempo, los olanes de mi vestido ya están dando miles de vueltas y me siento diferente además de tranquila, muy tranquila. Salgo del lugar sin miedo a estar en la calle sola pero aún así unos pasos me siguen para acompañarme y aunque me molesta tampoco le presto demasiada importancia. Me dice que le sorprende que no fume, que es la segunda persona que conoce que no fuma, obviamente no le creo y él lo nota, los demás también se dan cuenta que me aturde y prefieren preguntarme por mis escritos y poemas. Me da mucha risa que pronuncia el título de mi libro mal pero me enorgullece que me diga que lo que hago es increíble y que le da emoción que sea una persona que no se conforma con que su sueño sea la carrera y su vida cotidiana, sino que además mueva al mundo con mis letras y sentimientos, aunque el alcohol ya está aturdiendo algunas de sus neuronas, sé que lo que me dice está en completa cordura porque sus ojos brillan igual que los míos cuando hablo de algo que amo, acompañados de esa clásica sonrisa espontánea que surge cuando no puedes ocultar lo que sientes. Corro para entrar de nuevo pero reacciono y me regreso, estoy intentando controlar la risa pero es imposible y le doy las gracias porque le cambiaré el título a mi libro gracias a su mala pronunciación, sólo es una palabra pero le queda mejor y le da más aventura y misterio. Me siento muy contenta, es tanta mi felicidad que creo que durará toda la semana. Disfruto unos minutos más pero sé que en unos momentos mi batería se agotará y en cuestión de segundos abandonó el lugar con discreción, sin esperar a nadie, sin sentirme mal por dejar a los demás, sin revisar los mensajes o llamadas. A la mitad de la cuadra corro hasta llegar a la puerta, subo, abro el refrigerador y en seguida la puerta de enfrente, las sandalias salen volando por debajo del escritorio y me meto entre las sábanas.

Hoy es uno de esos días en los que me levanté tarde sin sentirme culpable, en que decido poner todo en orden, sólo por mí y para mí. No quiero arreglar mis uñas, ni mi cabello, tampoco quiero usar maquillaje. Hoy es uno de esos días en que prefiero el baño con agua fría y usar la ropa más cómoda, en que no quiero salir ni ver la luz del sol, el día de hoy me gusta estar entre cuatro paredes y perderme entre las sombras. Hoy es uno de esos días en los cuales no hay tareas ni obligaciones, en donde no me importa dormirme tarde y levantarme temprano. Hoy es uno de esos días en que no quiero nada de nadie ni de mi misma. No por depresión, odio, enojo o tristeza, simplemente porque no sientes la necesidad de estar pensando en tus errores, en tu vida diaria, en las personas que conformaron tu pasado o las que están en tu presente. Hoy es uno de esos días en los que no se sufre por amor, realmente no se sufre por nada. Tampoco estás pensando en ti, ni en las cosas que te esperarán al empezar la semana. Hoy es uno de esos días en que tampoco el tiempo es para estar contigo misma, es un tiempo común que pasa y pasa sin ninguna cuestión. Hoy es uno de esos días en que todo es tan profundo y relativo, es tan lleno y vacío, mis dedos giran y giran al rededor del teclado mientras tomó el peor té que he probado en mi vida pero tampoco me molesta. Es un maravilloso y hermoso desastre. Hoy es uno de esos días en que todo es vida, en que todo es una GRANDIOSA PAZ. Y acabo de darme cuenta que es la primera vez que siento paz, no en mi vida sino en mi cuerpo, en mi persona, en mi alma. Estoy realmente fascinada, todo se siente tan curioso, tan cálido, lleno de huecos que solitos se van cerrando, tan diferente, tan normal pero tan nuevo y limpio. Tan puro, esa es exactamente la palabra que buscaba «pureza». Hoy es uno de esos días…bueno en realidad no es uno de esos días porque de hecho es la primera vez que me pasa pero se sintió tan bien que creo que empezará a pasarme muy seguido.

«Si te ves bien por fuera, algo estás haciendo bien con la transformación de tu alma».

 

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