
Está bien. Ya te diste cuenta. Llora. Llora más. Más, más, mucho más. Más fuerte. Olvídate del maquillaje, la ropa, las personas. Hoy te voy a permitir que te destroces. Recuérdalo todo, aquellas palabras, caricias, momentos, besos, abrazos, miradas, todo, absolutamente todo, hasta las mentiras. Llora, sigue llorando. Maldícelo, detéstalo, ódialo. Rómpete el corazón, no importa que ya sólo queden algunos pedazos, reniega, escupe todo aquel sentimiento, avienta y rompe todo cuanto tengas a tu alcance, humíllate, derrótate, siéntete menos. Sufre, nada contra la corriente, deja que la tormenta te consuma, choca tu mejilla contra el suelo y no te levantes. Llora hasta que tus lágrimas se sequen. Ahora duerme un poco, duerme abrazada de su recuerdo. Llora hasta quedarte dormida. Sueña con él. ¿Listo? Levántate, deja que la cabeza te de vueltas y no te arregles el cabello, ve y distráete un poco. ¿Ya no puedes más con tus actividades? Está bien, suficiente por hoy. Prepárate un té, ponlo en tu taza favorita y agárralo muy fuerte con ambas manos, deja que el calor recorra todo tu cuerpo. Ve y súbete al sillón junto al árbol blanco con jaulas plateadas, abre la ventana y deja que el viento te despeine todavía mucho más, respira hondo, muy hondo. Mira como las flores moradas caen hacia el camino, donde todo circula, donde los carros pasan y pasan, donde las personas corren, caminan, platican, ignorando que en aquel edificio gris en el segundo piso, justamente en la ventana frente al parque, existe un alma rota, ¡Que digo rota! Un alma hecha trizas, en polvo, sin vida. Sigue respirando, relajado y hondo. Mira la luna y las estrellas, húndete junto con la noche. Regresa a la cama, toma el peluche de nuevo que aventaste debajo de la cama, abrázalo, vuelve a llorar, ámalo y duérmete.
Buenos días princesa. Nuevo día. Date un baño con agua fría, despeja tu mente, haz que tu cuerpo se sienta vivo de nuevo, usa tu shampoo favorito de frambuesas e hidrata tu piel con esa crema de cocoa. Ponte el encaje más bonito que tengas, ve al fondo de tu armario y saca esa falda de color amarillo que no te has atrevido a poner. Deja tu cabello suelto como de costumbre, dale más volumen, pinta más tus ojos y pon ese nuevo labial morado sobre tus labios. Mírate al espejo y sonríe. Sonríe no importa lo que hagas, lo que pase o a quien veas, hoy sólo sonríe. Ayer ya es pasado, ya lloraste, ya te destruiste. Ya tuviste ese día de miedo, de debilidad, irritabilidad, de tristeza, de enojo y decepción, mucha decepción. Ya tuviste ese momento como entre los peores de tu vida. Pero ya pasó. Fue el primero y el último. El más amado y el más odiado. Tu alma otra vez está en marcha, va encendiendo uno por uno los focos que tronaron el día anterior debido al huracán provocado por tus sentimientos. Se están reponiendo de nuevo cada puerta y ventana faltante, cada cerradura, cada pinza, vendaje y herramienta. Cada punto de tu vida. Trata de que no se caiga todo de nuevo. ¡NO! Es más, no trates. Te PROHÍBO que lo hagas de nuevo. Te prohíbo que vuelvas a destrozar tu vida por personas que no son ni la mitad de lo que tú mereces.
Te lo prohíbo querida alma rota. Y te lo prohíbo Daniela, te lo prohíbo.
«The moment you begin to wonder if you deserve better…you do».
