
Hoy elegí dejar los adjetivos calificativos por un lado y los físicos por el otro, desde unos cuantos escalones arriba observo lo poco que he avanzado pero lo mucho que he dejado atrás. Mis manos están frías, más que el mismísimo invierno, y cuando tocan mi corazón que es tan caliente como un desierto siento que todos mis sentimientos y emociones se desequilibran por completo. Odio las descripciones profundas, describirme como persona ¡vaya que me ha costado! No se puede decir siempre todo lo bueno porque es soberbia ni todo lo malo porque es falta de carácter y de quererte también, es una cuestión bastante compleja describirme ahora cuando siento que no me conozco, cuando siento que me he fallado a mí misma tantas veces como fueron posibles en estos cortos meses que me he olvidado hasta de mi nombre. Que te den todo y al día siguiente nada es el peor sentimiento de la vida, que te amen y te destrocen es lo más bajo de este mundo, sobre todo, si te destrozan con amor. He negado lo que soy y lo que tengo, he inventado y reinventado miles de historias con amores pasados, he dejado ir sin decir nada, le he gritado a mis sentimientos que se callen y se guarden, descubrí que se siente estar enamorada y en vez de celebrarlo me he comprado en sueños un vuelo directo y sin escalas hasta Italia, para posteriormente despertarme y estrellarme con la luz de mi amargura. Descubrí que el equilibrio es la clave puesto que además se lleva muy bien con la valentía y el coraje, descubrí que no está mal reconocer errores ni arrepentirte de ellos, aunque sea un poquito tarde, hay que aceptar parte de culpa, pero no hay que dejar que nos gobierne en nuestras relaciones futuras. Tampoco se puede estar completamente enamorado de la vida mientras vas colocándole la etiqueta de odio a ciertas personitas, creo que hipocresía es la palabra. Me gusta que la vida me alborote el cabello, pero aprendí que si quiero correrla de momentos en versos y rimas a toda prisa debo ponerme el cinturón de seguridad y cuidarme mucho de que las luces de noche no me encandilen. Uno tiene que perderse para encontrase y a veces perdiendo es que se gana, tener mi nombre bien pegado a mi costado me da fuerza para saber quién soy y lo que quiero, tomar aire muy profundo por cada sueño cumplido me hace sentir que estoy viva. Hoy descubrí que hay que tener las manos siempre bien frías por valentía, por coraje, para demostrarle al mundo que no por ser buena me tengo que dejar pisotear de a ratos, pero también hay que combinarlo con un corazón de pollo, de esos que le recuerdan al mundo que el amor todavía existe.
«Y ahora ya no tengo dudas. No tengo remordimiento, ya no tengo sombras, no tengo pecado, no tengo pasado. Sólo tengo unas ganas enormes de volver a empezar. Y de ser feliz.»
